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Excursión por la Canal Roya. Visitamos uno de los últimos valles vírgenes del Pirineo aragonés. Lo hacemos en compañía de Víctor Ezquerra, gran conocedor de la biodiversidad que esconde la Canal Roya.

 

Todos los que hemos paseado alguna vez por los senderos del valle de la Canal Roya nos hemos encontrado con arroyos que cruzan e incluso discurren por estos caminos humanos. Estas zonas encharcadas y húmedas de los caminos, junto a los archiconocidos ibones de Anayet, los barrancos que discurren por las ambas laderas del valle y el mismísimo río reciben en su conjunto el nombre de “humedales”. Estos húmedos lugares son una parte clave en la vida de todos los organismos que aquí habitan, puesto que todos estos seres vivos están extraordinariamente adaptados a estos particulares hábitats.

Debido a que las rocas de esta zona no filtran el agua, ésta se acumula en muchos lugares formando una enorme cantidad de regatos, arroyos, barrancos, cascadas, ibones y turberas a lo largo de todo el valle. Esta gran cantidad de ambientes provoca un “efecto llamada” para muchas especies, por lo que la biodiversidad de estos ecosistemas en esta área es altísima.

Los Pirineos son la segunda área de Europa con más biodiversidad, por lo que un área tan pequeña merece ser conservada. Por un lado, aquí habitan animales y plantas que quedaron aislados de otras áreas geográficas cuando se fundieron los hielos tras la última glaciación, hace unos 30.000 años. Por otro, la influencia de los climas mediterráneo por el sur, y atlántico por el norte, han ido trayendo especies por ambas vertientes pirenaicas. En la actualidad, todos estos “inmigrantes” se han adaptado y especializado para convivir en este entorno.

Como todos estos seres conviven en equilibrio no se puede entender un grupo ignorando al resto, si no que conviene observar estos ecosistemas desde un punto de vista amplio, que intente comprender todas las relaciones que se crean entre animales, plantas, musgos, hongos, algas, etc.

Al contrario de lo que a pasado en muchos otros lugares del Pirineo, en Canal Roya no se han construido ni embalses ni otras obras que alteren el paisaje, permaneciendo estos humedales en estado natural, con aguas puras sin ningún tipo de contaminación.

Del glaciar a los pastos

Hace unos 30.000 años Europa estaba cubierta de hielo, el cual se ha ido fundiendo progresivamente hasta nuestros días. Esta retirada del hielo se produce a gran escala y en nuestro hemisferio desde latitudes meridionales (al sur) a septentrionales (hacia el norte). A pequeña escala, los hielos se van retirando de menor a mayor altitud.

La fusión glaciar va dejando terrenos expuestos que van siendo colonizados por líquenes, más tarde por musgos, praderas, bosques de coníferas, y en último término (referido a los Pirineos) bosques de hoja caduca y mediterráneos.

Los macizos montañosos del sur de Europa, como son los Pirineos o los Alpes, constituyen un reducto para estas últimas masas de hielo. Se puede observar fácilmente como se van sucediendo esos distintos “tipos de vegetación” simplemente subiendo en altitud, y los podemos agrupar en “pisos”. Los ibones son cubetas de excavación provocados por la actividad glaciar que han quedado al descubierto tras la retirada de los hielos, hace en algunos casos, muy pocos miles de años (incluso en la actualidad siguen quedando al descubierto nuevos ibones en los Pirineos, por encima de los 3.000 msnm).

Los últimos hielos se retiran con el aumento de las temperaturas, y se produce como consecuencia esa sucesión de los tipos de vegetación, por lo que las plantas que hoy pueblan estos ibones acaban, como quien dice de llegar. El aumento de la temperatura continúa, y los ibones se van llenando de sedimentos. Esta colmatación crea también nuevos ambientes y oportunidades para plantas y animales adaptados a estos lugares, hasta que finalmente estas turberas van “madurando” y ganando en grosor, para finalmente transformarse en praderas y pastos.

Uno de los atractivos que tiene el valle de Canal Roya es que esta maduración de los humedales se puede observar simultáneamente en varios estadios. Por ejemplo, en el altiplano (si se me permite el uso del término para hablar de algo tan local) de los Ibones de Anayet hay varios ibones colmatados donde el pH del agua es muy bajo (turberas), entremezclados con arroyos e ibones. Como consecuencia, aquí se generan gran cantidad de microambientes que atraen a innumerables seres vivos. En mi opinión, de esta diversidad emana una belleza paisajística extraordinaria, cualidad compartida con otros muchos de esos monos turísticos y curiosos que somos, entre los cuales lógicamente me incluyo.

En cuanto a la flora de Canal Roya, se pueden destacar unas cuantas especies singulares. Todos estos humedales tienen en sus orillas plantas alpinas, como juncos, Juncos lanudos (Eriophorum angustifolium), Luzulas o algún “Eleocharis”, entremezclados con la diminuta pero preciosa Euphrasia minima, entre otras muchísimas especies. En los ibones de Anayet se pueden encontrar entre otras muchas especies el escasísimo ranúnculo acuático blanco (Ranunculus trichophyllus); la espiga de agua (Potamogeton alpinus), que vive sumergida y sólo emergen sus flores; el Sparganium angustifolium, que con sus largas hojas flotantes permite la vida de numerosos macroinvertebrados; la Lychnis alpina, una cariofilácea púrpura que quedó aislada en los Pirineos tras la fusión de los hielos y que actualmente vive en manantiales y orillas de ibones, etc.

Todos los que hemos subido por el camino habitual durante los meses de julio y agosto, con suerte y mirando un poco al suelo hemos podido ver la espectacular Esvertia de agua (Swertia perennis), una clásica gencianácea de humedales acidificados; o la fotogénica orquídea Dactylorhiza maculata. También sorprende cuando está en flor, una planta con flores amarillas y aspecto de musgo que crece en rocas húmedas y manantiales. Se trata de una especie que pertenece a un grupo de plantas que viven en roquedos, cuyas raíces se “abren paso” a través de la roca. Sin embargo, esta especie “ha abandonado” los grandes roquedos y se ha especializado para vivir en estos ambientes, es conocida como Saxifraga aizoides.

Entre las estrellas a destacar, se puede mencionar la “Ballestera” (Veratrum album), una liliácea de flores verdes que tiene en Canal Roya una población muy amplia utilizada en la antigüedad para envenenar flechas. 

Es frecuente encontrarla con numerosos pulgones (probablemente Aphis fabae), y una buena cantidad de hormigas que los protegen. 

Mencionar también el rarísimo y fotogénico trébol de agua (Menyanthes trifoliata), que solo está en unas pocas turberas del pirineo centro-occidental.

En cuanto a los animales, se pueden encontrar mamíferos como los ahora abundantes sarrios, armiños, marmotas, musarañas enanas, e incluso el casi desaparecido Desmán de los Pirineos nadando en aguas corrientes puras. Mirando un poco hacia arriba se pueden observar Perdices nivales, Águilas reales, Águilas culebreras, Quebrantahuesos, o Acentores alpinos, entre otras muchas especies.

La rinconada de Canal Roya es un antiguo ibón colmatado en el que persisten regatos laberínticos. Durante la primera quincena de septiembre se puede ver la freza de los Salvelinos (Salvelinus fontinalis), unos peces voraces introducidos de Norteamérica que lamentablemente han acabado con la vida de numerosos anfibios, pero no por ello deja de ser curiosa la gran cantidad de peces que se pueden ver.

Los arroyos de mayor altitud están ocupados por los endémicos Tritones pirenaicos (Calotriton asper), los Tritones palmeados (Lissotriton helveticus) y las Ranas pirenaicas (Rana pyrenaica).

Hay que mencionar que en estos humedales se pueden ver Sanguijuelas (Hirudo sp.), Lagartijas de turbera (Zootoca vivipara), etc.

Esta zona también forma parte de una de las poblaciones más sanas de una colorida libélula no muy habitual, pero que por aquí se deja ver bastante bien con algo de paciencia. Estoy hablando de la “Esna de los juncos” (Aeshna juncea).

No hay que olvidar de que para que los ecosistemas se mantengan en buen estado es necesario no contaminar, por supuesto no depredar ni plantas ni animales, y en general ser responsable. Nuestra especie ha utilizado desde hace varios siglos este valle por sus pastos, así pues, el equilibrio en el ecosistema actual y el mantenimiento de las praderas tal y como las conocemos es debido a este pastoreo. De no ser por estos animales domésticos y libres por el monte durante los meses de estío, el bosque tendría otro aspecto y otra extensión. Por esto mismo hay que brindar el mérito que el ganado merece, que aunque haya a quienes no les guste, estos animales llevan aquí mucho más tiempo que cualquiera de nosotros, pero de esto ya hablaremos otro día.

Victor Ezquerra Rivas

Victor Ezquerra Rivas

Siempre he pensado que soy un sarrio atrapado en el cuerpo de un humano o un simio semejante.

Paso unas cuantas horas al día pensando en el Pirineo, durante todo el año. Lo cierto es que lejos de cansarme,  esto hace de mi estancia en este planeta algo menos terrible, y me da fuerzas para hacer todo aquello que hago. Por todo lo que estas montañas me enseñan día a día, y por las energías y satisfacciones que me aportan, lo mínimo que puedo hacer es recompensarlas intentándolas proteger. Para protegerlas es necesario conocerlas, a ellas y a todos sus habitantes, se muevan o no.

Sin darme cuenta, esta búsqueda de los secretos que poco a poco me va desvelando el Pirineo se ha convertido en una parte fundamental en mi vida, en mi droga.

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