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Ascendemos el pico Aspe en compañía de Lidia Fernández.

Lo hacemos sin prisa,  lo hacemos amando y admirando cada rincón, y disfrutando cada instante, como lo hace ella.

Lugar de salida: Parking Pista grande de Candanchú. Altitud 1.560m

Altitud de la cumbre: 2.645m

Desnivel de la ruta: 1.200m

Duración: 3h y media ascensión y 3 horas de descenso

Ruta de ida: Parking de Candanchú – Cueva de los contrabandistas – Lomeros de Esper – Paso de la Garganta de Aspe 2.427m – cumbre del pico Aspe a 2.645m

Ruta de vuelta: Canalizo norte de acceso al Barranco de Tortiellas – Pistas bajas de Tuca Blanca – Puerto de Tortiellas -Rinconada – Parking de Candanchú

Dificultad: Media 

La ruta nos ofrece una  diversidad paisajística impresionante

Durante la ascensión nos acompaña la frondosa y majestuosa cara norte del Aspe, junto con la Llana de la Garganta y Llana del Bozo  hacia Francia. La senda es pedregosa y exige cautela y tobillos fuertes en la bajada por el barranco  de Tortiellas. Durante el descenso,  la estampa del circo de Tortiellas es mágica.

 

Comienza la ascensión

La silueta del Aspe reina al fondo del Valle del mismo nombre visto desde Francia.

El recorrido se inicia en Candanchú, tomando la senda que se dirige hacia la Cueva de los Contrabandistas y que continúa hacia los Llanos de Esper.

La imagen de las paredes de su cara norte y la sombra que proyectan, refrescan un camino que pone a prueba la perseverancia, pues asciende por un pedrero arduo pero corto hasta el Paso de la Garganta del Aspe. Una vez arriba vale la pena pararse y contemplar el horizonte hacia el sur con los perfiles de Oroel, Tozal de Guara y Moncayo.

Emprendemos el ultimo tramo hasta la cumbre por un camino de frontera que nos eleva entre rocas hasta el punto más elevado de nuestra ascensión, el pico del Aspe.

El esfuerzo de andar el paisaje es poco comparado con nuestro deseo por acariciar la piedra de este pico, orgulloso, agradecido y protagonista de esta atalaya privilegiada sobre el valle del Aragón, con la siluetas de la altiva Collarada, el Pirineo Navarro y los cercanos tresmiles  del Valle de Tena.

Es grandioso y sencillo el sentimiento de reposar en la cumbre, el momento culminante para observar, respirar y recuperar fuerzas.

El camino de vuelta

El camino de vuelta es un  nuevo reto: descender por la vertiente norte hasta el Valle de Tortiellas nos va a regalar las espectaculares vistas del Valle de Rioseta, que nos muestra su paleta de grises provocada por la roca caliza, en contraste con los ocres que dominan la arenisca.  Accederemos a las pistas de Tuca Blanca hasta el Collado de Tortiellas por el que baja la pista a Candanchú .

Es un regalo para el cuerpo, con una ley perfecta, la del silencio de la montaña y el aliento de la respiración. Allí donde la frontera entre la dura y eterna roca se une a la vulnerable y efímera  piel que habitamos. Parece un viaje místico, tan sencillo como nacer con piernas para conquistar el aire de esta orgullosa cumbre, y regresar a sus pies con el agradable deseo de tener en mente nuevos horizontes y el de otras cumbres por alcanzar.

Parece casi  como la misma  vida, y lo es.

Declaración de principios

Adentrarse en la montaña nos exige tener en cuenta unos conocimientos mínimos de este espacio y de nuestras condiciones físicas. Nociones básicas de la climatología y orografía de la zona, la viabilidad, duración y dificultad de la ruta así como unas condiciones físicas de resistencia al esfuerzo y templanza ante las adversidades y posibles cambios térmicos. La adquisición de un mapa de la zona o la ruta indicada disponible en multitud de webs donde se describe pormenorizadamente el camino a seguir así como un material adecuado: calzado apropiado, ropa cómoda y una mochila ligera con ropa de abrigo, agua, comida para la jornada y un botiquín básico. Todo lo demás es labor de la voluntad y ánimo personal.

Parte de la riqueza y encanto de la montaña está en la ausencia de infraestructuras técnicas o soportes urbanos. Aceptarlas y respetarlas para su preservación es el primer paso para iniciar la apasionante aventura de  conocer y aprender de la montaña.

Concibo la montaña como un lugar cuya fuerza y vulnerabilidad van a la par, un medio con un lenguaje propio que se manifiesta en la flora, fauna, geografía y relieves que lo conforman así como un medio más para conocer nuestros límites y ponernos retos asequibles y satisfactorios. Encontrar satisfacción en el esfuerzo sin sufrimiento es la clave para disfrutarla. La conservación de este legado a las generaciones venideras es nuestra cuenta pendiente como sociedad, desechando concebirla como un recurso a explotar o consumir (ya existen otros lugares acondicionados con infraestructuras específicas). La montaña es un medio imprescindible, puro, impredecible y apasionante y nos exige ser responsables de nosotros mismos para no caer en situaciones peligrosas o amenazantes inherentes a la esencia de los medios naturales.

Pretendo hablar de la riqueza de la montaña y del hombre que la conquista. De cómo la roca se extiende y el hombre aprende a ver su propia  humildad en los vértices de sus arduas dimensiones y de cómo nos hacemos grandes internamente en un momento de contemplación en el logro de “llegar a la cumbre” por un día, es la recompensa grandiosa de nuestro esfuerzo .

Mi objetivo es ofrecer una experiencia personal impulsada por mi pasión por la montaña y a la que he dedicado la mayor parte de mi vida. Acercarla con sencillez y humildad a los  amantes de este espacio, sin ningún afán profesional, técnico ni lucrativo.

La ilusión de practicar el montañismo con cautela, buena cabeza y autocontrol es el primer paso.

Lidia Fernández

Lidia Fernández

Mi objetivo es ofrecer a los  amantes de este espacio una experiencia personal impulsada por mi pasión por la montaña y a la que he dedicado la mayor parte de mi vida.

Concibo la montaña como un lugar cuya fuerza y vulnerabilidad van a la par, un medio con un lenguaje propio que se manifiesta en la flora, fauna, geografía y relieves que lo conforman así como un medio más para conocer nuestros límites, y ponernos retos asequibles y satisfactorios. Encontrar satisfacción en el esfuerzo sin sufrimiento es la clave para disfrutarla. La conservación de este legado a las generaciones venideras es nuestra obligación como sociedad.

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